“He vivido este tiempo como momentos de aprendizaje personal, como un acto de entrega a otros pero a la vez de crecimiento en mi propio camino afectivo. En cualquier caso, no se trata de contar mi historia si no de compartir lo que he aprendido en este camino.. “El sufrimiento es un pensamiento, que con solo un cambio de perspectiva se remueve, agita el interior y nos permite conectar con las sutilezas y movimientos profundos del alma. Y que así mismo nuevos vínculos, propósitos y realidades se ven reveladas.”
Sobre Mí
Hilos de Marte nació en un momento de profunda conexión conmigo misma. Fue un instante en el que, de manera casi tangible, sentí cómo mi alma, mi mente y mi cuerpo unificaban cada uno de los momentos que habían dado forma a mi vida.
A los cuatro años, mi vida cambió drásticamente con la pérdida de mi madre, quien fue diagnosticada con leucemia y partió de este plano físico pocos meses después. Este suceso dejó en mí un impacto tan grande que, siendo tan pequeña, no pude comprender ni procesar. Esa pérdida creó una resistencia profunda hacia la figura materna, e incluso hacia la palabra “madre” y sus derivados. Sin embargo, fui criada por mis abuelos paternos y mi padre, quienes, como fieles creyentes y practicantes de la religión católica, me guiaron hacia la fe. Esa conexión con la espiritualidad se convirtió en un refugio: encontraba paz, amor y tranquilidad cada vez que me acercaba a Dios. Fue a través de esa fe que presencié milagros que marcaron mi camino.
Con el paso de los años, viví una jornada llena de experiencias que moldearon mi vida. Momentos de confusión, sufrimiento y ansiedad se alternaban con aprendizajes profundos, y poco a poco fui fortaleciendo mis convicciones, mi espiritualidad y mi conexión conmigo misma. A pesar de las adversidades, me sentía bendecida y plenamente confiada en la vida.
Desde mi infancia, fui una niña creativa, apasionada por el arte, el diseño, la moda, la arquitectura y todo aquello que permitiera expresar lo intangible. En 2016, mi tía Brenda Garza, una artista admirable, despertó en mí la curiosidad por crear. Su pasión y su talento me inspiraron a explorar mi propia creatividad, a descubrir ese flujo interno que a menudo desconocemos hasta que nos permitimos exteriorizarlo. Verla transformar su talento en piezas llenas de verdad y significado encendió en mí el deseo de pintar, de descubrir lo que habitaba en mi interior..
Mi primera obra nació de un pensamiento recurrente: “Cada quien su luna”. La pieza representaba, de manera abstracta, la conexión entre el ser, la mente y las experiencias que nos rodean. El ser lo simbolicé con un gran círculo; la mente, con un círculo más pequeño; y utilicé alfileres para representar los eventos, creencias y personas que influyen en nosotros. La unión de estos elementos mostró cómo, a pesar de nuestras diferencias, somos seres de luz profundamente conectados. Fue entonces cuando surgió la idea de los hilos, hilos fotoluminiscentes que añadieron un significado gráfico y simbólico a este pensamiento. Crear esa obra fue una experiencia conmovedora, un reflejo de mi alma que me permitió conectar conmigo misma de una manera nueva.
Impulsada por esa experiencia, decidí inscribirme en clases particulares de arte, buscándolas como una forma de terapia y autoconocimiento. Durante una de esas clases, creé mi segunda obra: “Rompiendo Barreras”, una pieza que marcó un antes y un después en mi vida. Inicialmente, la obra nació sin expectativas, como un ejercicio para reconectar con mi esencia y plasmar, de manera inconsciente, lo que mi ser deseaba expresar. Me dejé llevar por la música, el momento y la curiosidad.
En medio de la clase, una señora se acercó y me dijo: “Me encanta, Lore. ¿Estás pintando a la Virgen?”. Su comentario me tomó por sorpresa, y entre risas nerviosas respondí: “Claro que no. ¿La Virgen? ¿Dónde?”. Pero cuando señaló la silueta que veía en mi obra, me quedé paralizada. Ahí estaba, clara y evidente, una figura que representaba a la Virgen. Mi resistencia inicial me llevó a negar lo que estaba viendo, pero al finalizar la obra, no tuve más remedio que aceptar lo que había surgido de manera inconsciente. Ese momento marcó un cambio profundo en mí: sentí un inmenso amor, compasión y aceptación hacia algo que había reprimido durante tantos años.
Desde entonces, he explorado mi talento para pintar como una forma de autodescubrimiento y expansión. Mi arte me ha permitido transmitir amor, especialmente a través de diversas representaciones de la Virgen, un símbolo que ahora ocupa un lugar especial en mi vida. Como sucede a menudo en los asuntos más profundos de la existencia, todo comenzó con un hecho azaroso y un talento inesperado que encontró su camino hacia la luz.
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